Esto es un extracto de un artículo de Luis García hablando sobre la representación que tomamos al encarnar el papel de mago. Es un texto interesante que seguramente nos detenga al menos unos minutos y nos haga reflexionar.
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3. LA FALSA REPRESENTACIÓN
No nos engañemos. Lo que en el fondo buscamos es transformarnos en magos. ¿Qué otro sentido podría tener esa especie de alquimia cotidiana que absorbe todo nuestro tiempo? Horas y horas con las cartas, con nuestros objetos mágicos, incansablemente, año tras año.
Si lo que buscásemos fuese sencillamente impresionar a nuestro público hace mucho que podríamos habernos detenido. Ya nos sabemos los juegos que solemos hacer en nuestras sesiones de magia, semejantes a los que hacíamos antes, a los que hemos hecho siempre. Pero no, seguimos buscando juegos desde un estado de insatisfacción permanente, en un proceso que no tiene fin, abrumados por una información que no cesa de crecer.
En cada sesión se plantea un nuevo desafío. Vamos a hacer magia, vamos a dejar de ser nosotros para convertirnos en magos, y por eso, nuestro cuerpo se altera y aparecen los inevitables nervios. Al final acabamos haciendo unos cuantos trucos que divierten, y a lo sumo, intrigan al público. Y entre el principio y el final, de la sesión lo que hacemos es salir del paso, porque ya no podemos evitar ponernos delante del público y lo mejor es acabar cuanto antes, que los nervios son desagradables y no se pasa bien.
Y no se pasa bien porque el pase que en nuestras horas de intimidad mágica nos sale perfecto, aquí se nos traba, y el maravilloso empalme que es nuestro orgullo se convierte en una chapuza.
Y no se pasa bien porque nos gustaría hacer magia y en realidad lo que estamos haciendo no tiene sentido, aunque el espectador se divierta, aplauda y le guste. Estamos haciendo el ridículo con esa parte de nosotros mismos que es el mago escondido, ese misterioso personaje que desaparece cuando más le necesitamos.
«El mago es un actor que representa el papel de mago»
Esta frase, paradigma de las estupideces de la magia oficial, no define a un mago más allá de su propia autoparodia, pero da idea de la frustración de los que quisieron ser magos y se han quedado en mediocres actores que interpretan aun personaje en el que ya no creen.
4. LA NOSTALGIA DEL MAGO
Nuestra aproximación a la magia se efectúa con un soporte material concreto (barajas, monedas…), a partir de unas determinadas técnicas cada vez más complicadas. Y por otra parte, aunque dispusiéramos de todo, jamás llegaríamos a leer una ínfima parte de los libros que existen, y a lo sumo, después de los años y años, llegaremos a hacer impecablemente un par de juegos y a salir del paso con unos cuantos más. Este es el panorama desde un planteamiento racional de la magia.
Pero aún en la cúspide, ¿nos habremos acercado algo a la magia? Y aunque hubiésemos llegado a hacer cualquier cosa imaginable, por «hacer» no es necesariamente exhibir ante los demás una habilidad o poder especial.
Muchas veces nuestras sesiones solo muestran nuestra carencia de magia. Sabemos positivamente que, después de hacer nuestros juegos, nada va a suceder. Si realmente hiciéramos magia, deberíamos esperar que ocurriese cualquier cosa. Si la experiencia mágica se produjese, nada podría ser después lo mismo. Podríamos irnos volando por la ventana, desaparecer en un momento determinado, o incluso, no haber estado nunca allí.
5. MADRID 79
Quizás no quede tiempo para la reflexión. Quizá pararse a pensar sea la forma de seguir reflexionando, es decir, de no decidir nada.
A veces, cuando atravieso esta cuidad moribunda con una baraja en el bolsillo, me parece que llevo un arma poderosa, pero muchas otras, ni siquiera la siento. Quizá hace demasiado tiempo de mi última magia. Quizá esa nostalgia es el síntoma de su presencia.