«La perspicacia del tacto», una localización simple de una carta

A veces, el efecto más simple lo menospreciamos sin atender al potencial que tiene para ser presentado. Cada vez pienso que deberíamos saber menos juegos y prestar más atención a las presentaciones. Te dejo aquí una presentación de Robert Houdin para un efecto súper simple.

«Señoras y caballeros, voy a empezar mi reunión de prestidigitación por una experiencia a la cual la ligereza le es completamente extraña. Se trata simplemente de enseñarles el grado de sensibilidad, de discernimiento, de inteligencia que puede llegar a adquirir el tacto.

Los sentidos, como ustedes saben, son facultades diversas por medio de las cuales el ingenio se pone en relación directa con el mundo exterior. Nosotros poseemos cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

En el orden natural, cada uno de estos sentidos solo goza de una facultad. Pero cuando las prácticas de la magia están en juego, es otra cosa; los cinco sentidos se reúnen entonces en cada uno de ellos: el tacto, por ejemplo, puede ver, oír, oler y gustar por la punta de los dedos.

Les ruego señores que no se rían, no hay nada más serio, como lo que les acabo de decir, y espero que dentro de un momento mirarán ustedes como cierto el extraño hecho del cual les acabo de hacer la exposición.

He aquí una baraja envuelta con su cubierta, la cual he purificado de antemano del contacto de las manos de fabricación. Quítole la cubierta con cuidado y le ruego, señora, que tome usted de ella la carta que quiera.

Dígnese usted, por un momento, colocar esta carta entre sus manos a fin de impregnarla, de algún modo, del sentimiento de vuestro tacto, después coloquela usted en el centro de la baraja.

A fin de evitar cualquier idea de escamoteo, voy a mezclas las cartas, después de lo cual, por cumplir en conciencia, les enseño que la carta escogida no está arriba ni debajo, y que por consiguiente, debe ocupar el lugar que la suerte le haya designado.

¿Uno de ustedes caballeros quiere vaciar uno de sus bolsillos y permitirme depositar la baraja?

Ahora que las cartas están en la obscuridad más profunda, voy ayudado de la quíntuple percepción de la cual les he hablado hace un momento, a distinguir con la punta de mis dedos, la carta escogida por la señora.

Pero para complicar la experiencia, no sacaré esta carta sino al número que usted guste designar…. ¿Qué número elige usted?

¿Ocho? ¡Muy bien! Es necesario entonces que siete veces seguidas evite tomar la carta de la señora para hacerla salir la octava solamente.

¡Veamos! He aquí una. Ahora voy a sacar otra… ¡Ay! ¿Pero cuál es esta carta con la que me he pinchado tanto? ¡Toma! Ya no me admiro tanto. Es el nueve de picas. Busquemos ahora la carta de la señora.

Ya creo que la tengo. Antes de sacarla voy a leerla con mi dedo pequeño que es el más sabio de todos sus camaradas. ¡Bien! No es una carta baja, ni diamantes, ni picas, de corazones, es el rey de…

Quiere usted señora acabar de nombrar su carta y veremos si mi pequeño no se ha equivocado en sus apreciaciones.

¡El rey de tréboles!

Dígnese usted, caballero, retirar la baraja de su bolsillo, a fin de asegurarnos de que la experiencia se ha ejecutado tal y como anuncié».

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