Dos son las lecciones que saco de este juego.
- La manera a la que llegamos a conocer una carta guía/llave es una genialidad. El vistazo es burdo y descarado sin embargo está dentro de una coreografía tan natural que no despierta ninguna sospecha.
Además fíjate en el paréntesis de olvido que se crea entre el vistazo hasta que el espectador coge la baraja. Es decir, tu das el vistazo a una carta que queda como superior en un paquete que está en la mesa a distancia de ti y desde hace rato.
Resulta imposible pensar que conoces ninguna posición de las cartas de ese paquete. - Esa coreografía de acciones que preparan la trampa tienen una segunda finalidad. Que el espectador entienda tus instrucciones. Esta idea la podemos trasladar a juegos de cortando por los ases, por ejemplo.
La idea es del genial Dai Vernon.